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Perder peso mientras nos relajamos, dormimos, o en otras palabras… perder peso sin hacer absolutamente nada podría ser la gran utopía prometida por muchos métodos milagrosos. Sin embargo, una reciente investigación llevada a cabo por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y publicada en el prestigioso New England Journal of Medicine sugiere que no sería tan descabellado, al menos, en ratas.

Perder peso mientras te relajas o duermes sería posible gracias a un interruptor metabólico

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En este caso, lo que parecen haber descubierto los investigadores del MIT es algo diferente a aquella investigación que afirmaba que tan solo pensar en el ejercicio podía hacernos más fuertes. Aquí no hablaremos de psicología, sino de genética y metabolismo, pues existiría un “interruptor” genético dentro de los adipocitos o células grasas que podría provocar, tras su activación, la quema del exceso de grasa en forma de energía térmica incluso sin realizar ejercicio físico. La panacea de las dietas milagro.

El descubrimiento se llevó a cabo en ratones, los cuales llegaron a perder la mitad de su peso corporal tras la activación de este interruptor genético. Pero la cosa no queda aquí, pues los investigadores analizaron y probaron la existencia del mismo interruptor en células grasas humanas en laboratorio, y parece ser que también existe y provocaría las mismas consecuencias.

Así lo comenta Manolis Kellis, del MIT:

“Los ratones seguían comiendo lo mismo y sin hacer ejercicio, pero quemaban energía en forma de calor tanto de día como de noche. Esto nos indicaría que hemos logrado cambiar su metabolismo de almacenamiento de energía, la cual se ha disipado en forma de calor”

Como imaginaréis, el descubrimiento abre nuevas vías de tratamiento contra la epidemia del siglo XXI, la obesidad.

El gen de la obesidad, interrumpido genéticamente para perder peso

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En el caso del estudio se estudió un único gen anteriormente ligado a la obesidad, el gen FTO. Sabíamos que existía el gen, y que existía una fuerte relación con la obesidad, pero hasta ahora no se sabía que podía suceder si dicho gen mutaba. Por ello Kellis y sus colegas se dispusieron a estudiar el tejido graso de 100 personas sanas, con peso normal, pero la mitad de los cuales portaban una mutación que aumentaba su riesgo de acabar en obesidad.

Dicha mutación parecía activar otros dos genes, Irx3 e Irx5, correspondientes a las células del tejido graso.

Sabemos que el ejercicio físico y una dieta correcta nos ayuda a mantener e incluso perder peso; esto se debe a que quemamos más calorías de las que consumimos. sin embargo, el cuerpo humano también quema grasa en forma de calor (termogénesis), un proceso que se activa cuando nos exponemos al frío y mantiene nuestro cuerpo caliente. Dicho proceso, según Kellis y sus colegas, estaría regulado por estos genes Irx3 e Irx5, los cuales decidirían también si almacenar el exceso de energía en forma de grasa o quemarla en forma de calor.

Cuando se interrumpieron estos genes en la investigación, las células grasas de las personas sanas con riesgo genético de obesidad tenían a quemar más grasa. Pero además, si se interrumpian también en los individuos sanos sin riesgo de obesidad, también se quemaba más grasa. Al menos así sucedió en las células grasas de laboratorio y en ratones, a los cuales se les inhibió la actividad de Irx3 dando lugar a una bajada de peso y aumento de quema de energía en forma de calor, sin haber alterado previamente su actividad física o dieta.

Evidentemente el descubrimiento podría allanar el camino para nueva medicación contra la obesidad, pero en ningún caso se debe asumir como el fin del ejercicio y una dieta saludable. Evitar la obesidad conlleva evitar muchas enfermedades relacionadas, pero una mala dieta o falta de actividad física sigue dejándonos a merced de enfermedades cardiovasculares o infecciones, entre otros perjuicios. No lo olvidemos.

Vía | Medicinenet.