Omicrono, la tecnología de El Español

Omicrono

“Retirado en la paz de estos desiertos,
Con pocos, pero doctos libros juntos,
Vivo en conversación con los difuntos,
Y escucho con mis ojos a los muertos”

No, Quevedo no estaba loco al afirmar que escuchaba con los ojos. Simplemente hacía uso de una figura literaria conocida como sinestesia, consistente en el intercambio de sentidos y que también da nombre a la facultad que tienen unas pocas personas de asociar sensaciones con sentidos equivocados, como colores con sonidos.

Y precisamente esto último es lo que le ocurre a J.A.C.S, un chico de veintiséis años, licenciado en filología inglesa y lingüista, que se ha ofrecido a contestar a unas preguntas sobre ese maravilloso don gracias al cual ve el mundo con otros ojos muy diferentes a los de la mayoría de los mortales. Así fue como me lo contó:

¿En qué consiste tu sinestesia?

Principalmente, asocio colores a grafemas, a números y a ciertas formas. La asignación de colores se da en varios niveles, por ejemplo: por separado cada letra tiene un color, aunque muchas de ellas no están del todo definidas. Las que están más claras son aquellas letras que representan un sonido vocálico, estas siempre tienen un color, que hasta donde recuerdo, siempre ha sido el mismo, por ejemplo: la “a” es blanca, la “e” es roja, la “i” es verde, la “o” marrón y la “u”, negra.

Cuando un conjunto de letras se asocian para formar una palabra, las consonantes diluyen su color y se supeditan al tono de las vocales, por ejemplo: comer, está compuesta de dos sílabas, por separado tiene el color marrón claro de “co” y el color rojo burdeos, de “mer”. La palabra toda junta tiene un color rojizo terroso. Los nombres propios o ciertas palabras que representan conceptos más abstractos, tienen un color definido que no depende tanto del tono de las vocales sino más bien de un color que esa palabra tiene asociado desde siempre para mí, por ejemplo: Amalia, es un color rosado blanquecino (supongo que el blanco puede venir de las aes), Azucena tiene un color azul, a pesar de que ninguna de las letras es azul, y Valentina tiene un color rojizo, tirando a rosa.

La palabra “libertad” es blanca impoluta, mientras que la palabra “soledad” es amarillesca. En ocasiones este tipo de asociación provoca coincidencias irónicas: la palabra verde, en español, en mi cabeza tiene el color rojo, por el tinte de este color que tiene la vocal “e”, mientras que las consonantes son verdes, supongo que por necesidad de pegar con el significado. Más lógica dentro de los colores me parece la palabra “green” en inglés, que es verde completa a pesar de tener dos es, pero se pronuncia /i:/.

Esto último creo que es porque los sonidos también tiene asociado un color en mi mente, sobre todo los fonemas, los sonidos con significado que componen una lengua. Supongo que se debe a mi formación y experiencia como lingüista. Casi todo los sonidos vocálicos que conozco del AFI, el alfabeto fonético internacional, suelen tener una correspondencia de color que los agrupa por tonos, dependiendo del tipo de sonido. Los tonos suelen ser los mismos que los de los grafemas de las vocales en castellano, por ser mi lengua materna, supongo, pero su tonalidad varía mucho: la /ı/ corta del inglés, que se es un verde claro, la /i:/, que representa el mismo sonido que el anterior pero largo, es un verde esmeralda, y la /ɯ/ del turco, que es una especie de sonido intermedio entre una /i/ y una /u/ en castellano, tiene un verde glauco, como de pino apagado, y la Ы del ruso tiene un verde marino, como de agua sucia revuelta. De hecho, durante un tiempo, no distinguía bien estas dos últimas y las dos tenían el mismo color, hasta que poco a poco se fueron desgajando y adquiriendo una tonalidad diferente.

También asocio sonidos a ciertas formas, por ejemplo, las consonantes labiales y nasales me parecen redondas, las fricativas un poco puntiagudas o la africadas suaves. Por último, aunque de manera más reducida, ciertos sonidos me hacen pensar en colores o en formas, pero esta última no la tengo tan desarrollada como para explicar cuándo ni cómo, sé que ciertas composiciones son muy metálicas y otras muy fluidas, como de oro.

¿Cómo crees que influye en tu día a día?

La verdad no creo que mucho. La mitad de las veces no soy consciente de este tipo de asociaciones. De hecho, mucho de lo que he explicado más arriba me ha venido porque he pensado en ello. De pequeño a veces me daba cuenta de que podía resultar raro porque nadie pensaba que los días de la semana tuvieran colores fijos, así que no decía nada.

¿Cuántos idiomas hablas?

Hablar, lo que se dice hablar con profesionalidad, dos: el español y el inglés. Luego hay otros idiomas de los que tengo una comprensión bastante alta, como el francés, el italiano o el catalán, porque en algún momento de mi vida los utilicé o suelo utilizarlos para leer literatura, cine, periódicos, etc… Conozco algunos otros bastante bien aunque no los hablo, como el latín y el griego clásico, que estuvieron presentes hasta mis últimos años de universidad.

Como lingüista, de todas formas, siempre siento curiosidad por aprender nuevas lenguas, así que podría incluir como lenguas con las que tengo de alguna manera un contacto bastante alto el ruso, el árabe, el turco, el polaco o el checo, que estoy o he ido aprendiendo por mi cuenta.

¿Crees que la sinestesia ha influido en tu capacidad para aprender idiomas?

Creo que para algunas cosas sí, como por ejemplo la clasificación de los sonidos y su aprendizaje. Cada sonido tiene asimilado un valor cromático que se repite a través de las lenguas si los sonidos son más o menos semejantes, sobre todo con las vocales, que son la parte más importante de una sílaba y suelen ofrecer mucha variación de una lengua a otra.

Me ha servido también para recordar la ortografía de ciertas palabras, como en inglés, donde la grafía “-ee” siempre es roja y la “-ea” es un rojo disuelto en blanco: ambas suelen representar un mismo sonido pero se escriben diferentes. En las clases de poesía me servía mucho para las rimas, las repeticiones y otros recursos poéticos.

Ahora mismo no se me ocurre nada más.

¿Cuáles son los idiomas que tienen los colores más bonitos? ¿por qué?

3827282933_8ef1c1b7fb_z

Cada idioma suele tener un color predominante, sobre todo por las vocales que utiliza. Por ejemplo, el francés es extremadamente rojo, por la cantidad de es que se encuentran en cualquier frase. Siempre he sentido curiosidad por leerme la novela de George Perec La disparition, donde no hay ninguna letra “e”, quizá esto cambie mi percepción.

El italiano tiene un bonito conjunto de azules, marrones, verdes y rojos, por ejemplo. El español tiene un color terroso dorado y ¡el ruso tiene un rosa precioso! Como curiosidad, la correspondencia entre color y grafía se da en el alfabeto latino, en el cirílico y en el griego, que mezcla los colores muy bien, pero en el alfabeto árabe me cuesta un poco todavía asignar colores, supongo que por dos razones principales: es un alfabeto que no utilizo tanto y que, aunque conozco bien, no leo con tanta rapidez, y que es un alfabeto que no escribe las vocales como tal: casi todas las letras son consonantes, excepto las semiconsonantes que ayudan a crear sonidos vocálicos largos.

Así, por escrito, solo cuando hay un sonido largo se me viene a la cabeza un color. Cuando vocalizan la palabra, es decir, cuando se utilizan signos diacríticos para marcar la vocal, sí que veo el color, pero como esto es muy poco típico, normalmente la lengua escrita no despliega muchos colores. En el registro oral, todo tiene su color habitual.

Respondiendo a tu segunda pregunta, no sé muy bien por qué, algunas sonidos suenan y se ven muy bonitos en mi cabeza dentro de esa lengua a pesar de que estos mismos existan en otra.

¿Consideras la sinestesia algo beneficioso en tu vida?

Bueno, perjudicial no lo considero, pero no sé hasta qué punto beneficioso desde un punto de vista de utilidad o salud. Sí es verdad que lo encuentro bonito y que me gusta mirar a ciertas cosas desde esta perspectiva porque me hacen sentir bien.

¿Añadirías algún otro dato curioso?

En la familia tenemos varios casos de sinestesia: mi hermano también tiene sinestesia grafía-color, y en algunos casos sabor, según me ha comentado. También asocia a los números actitudes, esto me pasa también a mí pero menor medida, supongo que él está más acostumbrado a ellos como ingeniero. Por lo que sacamos en conclusión una vez, mi madre también asocia colores a palabras y, creemos, que mi abuela también, aunque a su edad es muy difícil comprender si nos referimos a lo mismo o no.

Como curiosidad también destacaría que a veces las correspondencias cambian dependiendo del estado de ánimo o cómo me sienta en ese momento. Algunas cosas son perennes, como las vocales, y otras cambiantes. A ciertos días de la semana les pasa eso, a otros no.

Es realmente maravilloso de lo que es capaz el cerebro de algunas personas. Y es que, como hemos podido ver, la belleza no se encuentra sólo en la poesía.

Imágenes: Flickr