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Star Wars – El despertar de la Fuerza: Una nueva esperanza

Star Wars – El despertar de la Fuerza: Una nueva esperanza

El despertar de la Fuerza es un regreso fundamentalista a los orígenes y un inicio realmente esperanzador para la nueva trilogía de la saga Star Wars.
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Esta es nuestra crítica de Star Wars: El Despertar de la Fuerza, en dos sabores: con y sin spoilers.

Antes de lanzarnos a por la mandanga que importa, esta crítica esta dividida en dos partes. En la primera no hay spoilers más allá de generalidades de la trama, y en la segunda, tras un aviso que será tan grande como nos permita Internet, comentaremos aspectos específicos de la trama y especularemos un poco con lo que podremos ver en las próximas entregas. Y ahora, vamos allá.

No es fácil ser una película de la saga Star Wars. Cierto, estarás apoyado por una masiva campaña de marketing y legiones de fans que te adorarán y te garantizan ser un éxito de taquilla, pero también serás objetivo de escrutinio bajo microscopio y la sombra de la cintas originales es alargada, siempre dispuesta a empequeñecer tus méritos.

En 1999 llegó la primera decepción. Por mucho que algunos nos esforcemos en defender partes de la Amenaza Fantasma, una serie de malas decisiones no sólo lastraron el primer episodio de la saga, sino alargaron su mala influencia en el Episodio II y en el Episodio III -cinta que tenía material para ser una obra magistral pero que se queda en una muy buena cinta con momentos muy buenos-. Claro que ver los errores ahora es fácil, todo el mundo acierta la quiniela los lunes.

Las precuelas: una serie de malas decisiones lastran la trilogía

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Estos problemas empiezan desde el guión -personajes mal conceptualizados como Padme y tramas que no funcionan como la relación de amor de esta y Anakin-, la apuesta por el exceso de CGI que hizo que la saga perdiera el encanto estético de las originales y la decisión de Lucas de dirigir él las cintas cuando no tiene ni pajolera idea de dirigir actores -Natalie Portman es una grandísima actriz, pero quienes la conozcan sólo de su papel en las precuelas no la tendrán en tan alta estima-.

Y todo esto tuvo un impacto en la taquilla. La amenaza fantasma recaudó algo más de 1.000 millones de dólares, mientras que El ataque de los clones se quedó algo por debajo de los 650 millones y La venganza de los Sith alcanzó los 850. Buenas cifras, pero muy por debajo de lo que se podía esperar de un fenómeno sociológico.

Alejar a los fantasmas

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Y todo esto explica mucho de lo que hemos visto en la promoción de El despertar de la Fuerza y de lo que vemos una vez las palabras “Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana” se funden a negro: una obsesión casi fundamentalista por volver a los conceptos básicos.

Mucho se ha hablado de las famosas “rimas” entre las trilogías de Star Wars, y en el caso de El despertar de la Fuerza y Una nueva esperanza casi podemos hablar de una aliteración: repetición consecutiva de sonidos.

Regreso fundamentalista a los orígenes

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JJ Abrams tenía un reto doble: afianzar una vuelta al espíritu de la trilogía original y plantear los fundamentos para la nueva, y se ha erigido como el director perfecto para hacerlo. El director neoyorkino siempre ha tenido como referente a Steven Spielberg, que fue siempre la primera opción de Lucas para dirigir tanto El Imperio contraataca como El Retorno del jedi, así como las precuelas, algo que nunca fructificó.

Además, en Super 8 -más allá de la calidad de la cinta- demostró que sabe jugar como nadie con la nostalgia setentero-ochentera, y en el Despertar de la Fuerza está en su salsa, jugando excepcionalmente con elementos conocidos por la audiencia, regalándose incluso unos segundos para dejar que la audiencia aplauda.

Nuevos personajes con un gran camino por delante

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El otro reto era plantear unos personajes interesantes que llevarán el peso de las próximas entregas y también en ese sentido la cinta cumple extraordinariamente. Los dos principales Rey, la nueva protagonista, y Kylo Ren, el nuevo villano, muestran un potencial excepcional, incluso mayor del que se podía ver a Luke y Darth Vader en Una nueva esperanza (por que sí, Darth Vader, más allá de su icónico status era bastante plano en la primera entrega). Hay que dar gracias a la Fuerza por Daisy Ridley y John Boyega, que generaba ciertas dudas, también está muy sólido.

Curiosamente, a pesar del gran secretismo que ha envuelto algunos aspectos de la cinta, Abrams no se regodea en exceso en las grandes revelaciones, y de hecho la mayor de ellas se apunta en la primera escena y se resuelve en el primer tercio de película sin gran pompa.

Los caminos de la Fuerza son inescrutables

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Sin embargo, Abrams cae en una pequeña trampa que acecha a todas aquellas historias que incluyen la magia. Una vez esta está en tu historia te arriesgas a que haya tramas que acaben resolviéndose, precisamente, por arte de magia.

Esto ocurre alguna vez en esta película donde las casualidades y el “por que si” hacen alguna aparición. No rompe la lógica interna ni se puede considerar un Deus Ex Machina porque la Fuerza y sus voluntades siempre han tenido un gran peso en la saga -y en esta entrega hasta se despierta-, pero también da la sensación de ser la solución fácil y rápida (y el Lado Oscuro ellos son).

Una fórmula efectivísima, pero que no valdrá para las próximas entregas

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Con todo, El despertar de la Fuerza es un retorno excepcional a las esencias, además de poner unos fundamentos muy interesantes de cara a el Episodio VIII que dirigirá Rian Johnson, director de Looper y de ese excepcional episodio de Breaking Bad titulado Ozymandias (sí, ese el 5×14)

Pero una vez vuelto a los orígenes es el momento de volver a crecer. De cara a las próximas entregas no valdrá la repetición de esquemas y habrá que innovar y arriesgar. Fue precisamente ese elemento expansionista, de llevar la saga más allá de ya lo mostrado lo que convirtió a El Imperio contraataca no sólo en la mejor secuela de la historia del cine sino también en una de las mejores películas de aventuras jamás rodadas. Y ese es el camino que se debe seguir.

Y a partir de aquí, SPOILERS del tamaño de wookies alimentados con Petit Suisses

Spoiler Alert

Las tropas de asalto asaltan una aldea/nave rebelde, hace su aparición el villano enmascarado Kylo Ren/Darth Vader, capturan a Poe Dameron/ la Princesa Leia, que antes de caer en manos del enemigo consigue esconder el mapa hacia Luke Skywalker/ los planos de la estrella de la muerte en un pequeño robot que habla a base de pitidos llamado BB8/R2D2, que acaba perdido en el desierto hasta acabar en manos de un joven que, sin saberlo, es poderoso en la Fuerza: Rey/Luke.

Desde la primera escena de El despertar de la Fuerza la repetición de los esquemas es absolutamente descarado que se ha llegado a hablar de remake encubierto, y hasta cierto punto esto es verdad, con Han Solo ocupando el rol de Obi-wan Kenobi, sin embargo, también es cierto que a medida que avanza la película este aspecto se diluye un tanto. A algunos les gustará estas repeticiones, a otros no, pero lo que no se puede negar es que estamos ante una elección voluntaria y nada escondida, y que su ejecución es notable.

La base Starkiller, una excusa

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De hecho, en el tercer acto el ataque a la base Starkiller es prácticamente una excusa para desarrollar el enfrentamiento entre Han, Rey, Finn y Kylo Ren. Ni el hecho de que antes haya volatilizado varios planetas incluyendo la capital de la República y que esté a punto de volar la base de la Resistencia reciben prácticamente atención en comparación con el el ataque a la Estrella de la Muerte. Es casi como si se hubiera introducido simplemente por hacer el guiño autorreferencial. No aporta realmente nada, aunque tampoco molesta.

Otro aspecto llamativo es que, aunque se ha buscado alejarse todo lo posible de las precuelas, en El despertar de la Fuerza se toman algunos de los elementos más brillantes de estas, como ese punto de ambiguedad moral que se introdujo en La venganza de los Sith (Amidala preguntándose si se habían convertido en el mal que querían luchar o las referencias a la la visión dogmática de los Jedi). Aquí nos encontramos con un Kylo Ren al que le tienta la Luz.

¿Quo vadis, Kylo Ren?

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Precisamente Kylo es uno de los personajes más interesantes de la cinta -incluso de la saga- y que más potencial tiene. Durante la primera mitad nos encontramos ante un villano feroz e implacable -el que Kylo quiere ser-, pero tras su primer enfrentamiento con Rey se quita la máscara -metafórica y literalmente- y vemos lo que realmente es: un quiero y no puedo con cara de principito y melenitas de niño pijo de internado británico de pago.

Quien haya visto al actor Adam Driver en otros papeles sabrá que puede tener un aspecto muy intimidante, por lo que posiblemente estemos ante una decisión para marcar una futura evolución del personaje, que visto lo visto puede ir en múltiples direcciones diferentes después de matar a su padre (un gran final para Han Solo) y de que Rey le patee el culo de forma espectacular.

Del otro gran villano apenas sabemos nada. Snoke, interpretado por Andy Serkis (el actor más famoso y menos reconocible a la vez: Gollum, King Kong o César en las nuevas entregas de El Planeta de los Simios) estuvo escondido en toda la promoción de la cinta y sigue siendo un gran misterio, aunque la banda sonora puede dar una pista casi definitiva sobre su identidad. (quien quiera saber más, que preste atención a la música de esta escena del Episodio III y a la banda sonora de la nueva entrega)

Reivindicando a Luke Skywalker

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Y Luke. El gran misterio de la promoción es por qué se escondía a Luke Skywalker. El tiempo que aparece en pantalla apenas llegará a un minuto en la última secuencia de la cinta, y sin embargo es omnipresente. Las primeras palabras del texto de apertura son “Luke Skywalker”, todo el mundo le busca, los buenos, los malos, y algunos ni siquiera creen que existiese.

Abrams ya aseguró que uno de sus objetivos era reivindicar a Luke, que a pesar de ser el protagonista y héroe de la trilogía original ha sido superado en el imaginario colectivo por Darth Vader, Han Solo, los androides, Chewbacca e incluso Boba Fett, que apenas tiene tres frases y una es un grito Wilhelm.

¿Y qué mejor manera de reivindicarlo que convertirlo en un mito? De no ser por el enorme impacto del personaje en la trama de la saga, Luke podría haber sido un McGuffin a la altura del Arca de la Alianza o de el Santo Grial en Indiana Jones. Y su aparición, elegantemente muda y de aspecto gandalfesco en la última escena del film es una guinda espectacular para el pastel de esta fiesta que es El despertar de la Fuerza.