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Seguro que alguna vez habéis escuchado hablar de las fracturas de pene, o incluso puede que en algún momento hayáis oído ese temido “crack” que avisa de su llegada.  En este artículo vamos a hablar de cómo se produce, cuáles son las posturas sexuales que aumentan las probabilidades de padecerla y cómo debe ser tratada.

¿En qué consiste la fractura de pene?

Aunque se le conozca como “fractura”, realmente no se trata de un apelativo correcto; pues, como sabéis, el pene no posee ningún hueso en su interior. Sin embargo, cuando el pene se encuentra erecto, llega a tal nivel de rigidez que podría parecer que lo contiene. Es en este momento, cuando existe el peligro de “fractura”, ya que si se fuerza el órgano a doblarse, el tejido que sostiene la presión del miembro podría rasgarse, dando lugar al famoso crujido, que probablemente vaya seguido por un grito de dolor considerable. Además, inmediatamente desaparecerá la erección y un hematoma se apoderará de la zona afectada.

¿Cuáles son las situaciones de riesgo?

Ni qué decir tiene que para que haya riesgo tiene que haber un pene erecto, pero no todas las situaciones son igual de peligrosas. El daño puede ocurrir tanto durante las relaciones sexuales como durante la masturbación; aunque, salvo que esta última sea extremadamente intensa (el poder de un adolescente descubriéndose no tiene límites) , la mayoría tienen lugar en el primer caso, especialmente entre parejas heterosexuales  y más con unas posturas que con otras.

La postura que más fracturas causa es la conocida como “The cowgirl”, en la cual la chica se balancea a horcajadas sobre el chico. Al ser ella la que controla la situación no es consciente de los posibles dobleces del pene y, en un descuido, la sesión de sexo podría terminar en el hospital. También es habitual que ocurra durante la postura del “perrito”, aunque con mucha menos frecuencia que la anterior.

¿Qué hacer en caso de fractura?

En algunos casos, estas fracturas no quedan solo en un simple hematoma y un dolor horrible, sino que también puede verse dañada la uretra y, si no se trata, puede derivar en una curvatura permanente, problemas urinarios e incluso disfunción eréctil.

Por eso, si os veis en esta situación, no dejéis que os venza la vergüenza y acudid inmediatamente al hospital. Es una situación muy habitual, nadie os va a mirar mal y las consecuencias si no lo hacéis pueden ser mucho peores que un poco de vergüenza. En el peor de los casos podría ser necesario una intervención quirúrgica; pero no os asustéis, pues es lo menos habitual. Normalmente basta con drenar la sangre acumulada y suturar. Eso sí, después será necesaria una pequeña etapa de abstinencia sexual. Sí, es un incordio, pero mejor eso que tener secuelas permanentes, ¿no es cierto?

Imagen: Pixabay

Fuentes: IFLSscience Vida y estilo