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Sábado por la tarde. Llevas todo el día pensando en la cita que tienes esa noche con ÉL (cambiadlo por “ella” si os gustan más las mujeres, puede ocurrir indistintamente en los dos sexos). Aunque sólo sois amigos, hace mucho que te gusta y el misterio con el que te ha propuesto quedar esa noche sólo puede significar que él siente lo mismo. Te pones tus mejores galas, acudes puntual al restaurante, para que no te tenga que esperar, y allí está. Te saluda con un beso en la mejilla, os sentáis en la primera mesa que veis libre y, después de un poco de conversación trivial, se lanza a decirte lo que tantas ganas tenía de contarte: ha conocido a una chica estupenda y, por supuesto, quiere que tú, como mejor amiga, le des tu aprobación. Y ahí está, señores, el billete de entrada a la friendzone.

Pero, ¿por qué existe la friendzone? ¿Por qué nos enamoramos de nuestros amigos y tan pocas veces es correspondido? Esas y otras preguntas son las que vamos a contestar en este artículo.

¿Qué es la friendzone y a qué se debe?

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La friendzone es un estado de estancamiento en el que dos personas que mantienen una relación de amistad se quedan ahí, sin poder evolucionar hacia una relación sentimental, a pesar de los lazos afectivos que van surgiendo. Existen varias frases indicadoras como “ojalá encuentre a alguien como tú” o “te quiero como a un/a hermano/a”. Otro momento decisivo, y esto a una servidora le ha pasado, es cuando te llaman “tío”. Ahí ya no hay nada que hacer.

Una de las principales causas de este efecto es nuestra tendencia  a establecer todo según categorías regidas por prototipos, que se suelen crear durante la infancia y la adolescencia. Estos prototipos son aplicables a muchas situaciones y, también, a las relaciones entre personas.  Por ejemplo, tenemos establecido a quién se da abrazos y a quién no. Si acabas de conocer a alguien, lo más probable es que no lo abraces, como mucho le darás un apretón de manos o un par de besos. El problema es que no todo el mundo hace las mismas categorías. Siguiendo con el ejemplo anterior, hay personas que sólo abrazan a familaires, parejas y unos pocos amigos muy cercanos; mientras que otras tienden a hacerlo con cualquiera con quién tengan un mínimo de confianza.  Por otro lado, estas categorías pueden ser dinámicas o estáticas. Las personas más dinámicas no suelen tener problemas para cambiar esas categorías, mientras que otras, en el momento que categorizan a alguien, no son capaces de verlo de otra manera, por mucho que la relación avance.

Así, aquellas personas que tienden a relegar a otras a la friendzone, suelen ser menos dinámicas y, por lo tanto, incapaces de trasladar a alguien desde la amistad hacia una relación sentimental.

 Causas biológicas de la friendzone

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La tendencia a encerrar personas dentro de la friendzone suele ir ligada a la madurez del encéfalo.  Las cortezas frontal y prefrontal, encargadas de controlar los impulsos, no terminan de madurar hasta los 20 años. Además, los niveles de algunas hormonas, como la testosterona, son bastante altos a esa edad, de modo que tendemos a ser más impulsivos a la hora de elegir pareja. Al pasar la barrera de los veintitantos, sin embargo, nos volvemos más reflexivos  y, además, tendemos a dejar la friendzone de lado. Para que me entendáis, a esa edad nos centramos más en buscar a alguien con quién estemos cómodos y que nos haga felices, dejando a un lado las apariencias.

Los muros de la friendzone son derribables

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Sin embargo, si ahora mismo estáis encerrados a la friendzone, no desistáis. Se puede salir. Según un estudio publicado en la revista Psychological science, las parejas que han tenido tiempos cortos de amistad antes de empezar a salir, tienen un atractivo similar; mientras que en aquellas que habían sido amigos durante  más tiempo, uno de los dos miembros parecía ser objetivamente más atractivo que el otro. Esto podría indicar que el tiempo que tardaron en empezar a salir pudo deberse a que uno de los dos encontraba poco atractivo al otro; pero, sea como sea, el caso es que finalmente comenzaron una relación.

 Por lo tanto, si queréis salir de la friendzone, no os rindáis y seguid intentándolo. Eso sí, sin dejar de lado el orgullo. Al fin y al cabo, todos tenemos nuestro momento.

Vía Psicología Popular  Psicología y mente