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Hoy en día, cuando el tiempo para interactuar con otras personas en ocasiones parece brillar por su ausencia, el uso de aplicaciones para encontrar pareja se hace cada vez más habitual. Existen un sinfín de éstas, pero la que está en la cima ahora mismo es Tinder, una aplicación asociada al GPS que nos ayuda a buscar personas que también busquen pareja (o lo que surja) y que se encuentran lo más cerca posible de nuestra ubicación. Como para todo, posee grandes grupos de defensores y detractores, lo cual no quiere decir que sea algo bueno o malo más allá de la opinión de cada uno. Por eso,  en este artículo vamos a hacer una valoración lo más objetiva posible, basándonos en la psicología que esconde el uso de esta aplicación.

Expectativas vs realidad

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Como soy bastante rara para estas cosas y en mi vida me he hecho cuenta en ninguna de estas aplicaciones, antes de escribir sobre su psicología he decidido informarme un poco googleando la palabra “tinder”.  Así, he encontrado algunos manuales de uso en los que lo primero que me ha llamado la atención ha sido la presencia de fotos de pedidas de mano y otras situaciones en las que aparecen parejas derrochando felicidad. Posiblemente por esta clase de publicidad, incluso las personas que suelen defender el romanticismo frente a la frialdad de este tipo de aplicaciones están comenzando a abrirse cuentas en ellas.  Además, tinder imita las citas del “mundo real“. Al igual que si conociéramos a alguien en un bar, primero se evalúa el físico de la otra persona, si el resultado es favorable le muestras tu interés y, si éste es mutuo, comenzáis una conversación.

Sin embargo, cuando conocemos a alguien en un bar, salvo que seamos de ese tipo de personas que salen “de cacería”, lo normal es que no nos sintamos ante un catálogo de posibles parejas y sólo nos fijemos en alguien si realmente nos gusta. No ocurre lo mismo en tinder, donde tenemos todo un muestrario de objetivos a los que elegir, algo que, aún pareciendo una ventaja, podría convertirse en un problema, ya que está demostrado que en muchos casos, cuando tenemos muchas opciones entre las que elegir, las decisiones son más perezosas y precipitadas. Además, está claro que no es lo mismo elegir sobre una foto que sobre la personas vista en la vida real. Y es que, por lo general, tendemos a usar como foto de perfil en redes sociales las fotos en las que mejor salimos, algo que podría confundir a alguien que nos valore únicamente por nuestro físico.

¿En qué se basa el éxito de tinder?

Claramente, tinder lo tiene más fácil que otras aplicaciones de temáticas diferentes, pues nos ayuda a satisfacer una necesidad evolutiva y social típica de la especie humana. Además, está comprobado que el mero hecho de utilizarlo ya conlleva placer, sin necesidad de culminarlo. Para que me entendáis, es como el tonteo de toda la vida. A veces disfrutamos más en el proceso de conseguir tener sexo o una relación con alguien que cuando finalmente lo logramos, pues resulta mucho más excitante el recorrido que la propia meta.

En conclusión, Tinder es una aplicación socialmente más aceptada que otras que persiguen objetivos similares y es cierto que en muchos casos da lugar a resultados muy favorables, especialmente si lo que buscamos es sexo o relaciones a corto plazo. Y es que, si el objetivo es una relación menos efímera, quizás deberíamos intentar sacar un poco de tiempo para hacerlo en persona. Al fin y al cabo, nadie quiere pasar el resto de su vida simplemente con una cara bonita. Y los grandes compañeros de vida podrían pasar desapercibidos en Tinder.

Fuentes: The Guardian Fido Palermo