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Hoy, en nuestra sección de mujeres científicas vamos a hablar de Barbara McClintock, una científica  estadounidense; cuyo descubrimiento, a pesar de ser de una gran relevancia, no fue aceptado hasta muchos años después.

Biografía de Barbara McClintock

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Barbara nació en Connecticut, en 1902. Hija de un médico, por el que sentía un particular cariño, creció como una niña solitaria, con poco interés por las aficiones de otras chicas. Aunque su madre se oponía a que sus hijas realizaran estudios superiores, por miedo a perjudicar sus posibilidades de encontrar matrimonio, la joven terminó asistiendo a la Universidad de Cornell, dónde no sólo destacaría académicamente; sino también a nivel social, debido a su condición de presidenta de una asociación estudiantil. Tras estudiar botánica, comenzó a despertar su interés por la genética, área a la que dedicaría su vida como investigadora. Concretamente, se centró en la citogenética del maíz, desarrollando una serie de técnicas para su estudio que aún hoy son de gran utilidad en dicha área.

 Descubrimientos científicos de Barbara McClintock

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Fue la primera persona en describir los entrecruzamientos que tienen lugar entre pares de cromosomas homólogos durante la división meiótica. Comenzó dicho estudio en 1931, junto a su estudiante predoctoral, y poco a poco fue avanzando, llegando a descubrir que la unión entre cromosomas no era un proceso aleatorio. Además, exploró las técnicas de mutagénesis inducida, tan útiles para la investigación en la actualidad.

Aunque su investigación avanzaba satisfactoriamente, McClintock no estaba cómoda en la Universidad de Misouri, dónde trabajaba en ese momento; ya que, por su condición de mujer,  se sentía excluida en algunas reuniones y, además, no se le avisaba de las vacantes en otras instituciones. Por si eso fuera poco, en 1936 apareció en los periódicos el anuncio del compromiso de una mujer con su mimo nombre y su jefe, al confundirla con ella, la amenazó con despedirla si se casaba. Por eso, tomó la decisión de marcharse de allí y buscar un nuevo empleo en otro lugar.  Así, terminó trabajando como investigadora en el laboratorio Cold Spring Harbor, dónde continuó con sus investigaciones. Poco a poco fue obteniendo puestos relevantes en importantes instituciones científicas, como reconocimiento a su trabajo. Sin embargo, sus hallazgos no fueron aceptados por otros genetistas, ya que no concordaban con los conocimientos del cromosoma existentes hasta ese momento. Fue mucho después, en los años 70 y 80 cuando sus teorías fueron definitivamente confirmadas. Gracias a ellas se le otorgó el Premio Lasker en 1981 y el Nobel de Fisiología en 1983. Una década después, en 1992, moriría por causas naturales, pudiendo haber visto reconocido el trabajo que le costó tantos años de esfuerzo.

Aunque nuestra mujer científica de hoy, al contrario que otras,  pudo ver reconocido su trabajo en vida, fueron muchas las trabas que se encontró en el camino y, por eso, merecía un hueco en nuestra sección. Barbara murió a los noventa años de edad sin dejar descendencia en forma de hijos. Sin embargo, el legado científico que nos dejó fue enorme. Imaginad lo que hubiese pasado si su madre se hubiese salido con la suya y su único trabajo hubiese sido casarse y parir hijos. Sin duda ese habría sido un gran atraso para la ciencia.

Imágenes: Taringa Anomalías cromosómicas