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La complejidad de nuestro órgano pensante, el cerebro, llega a límites que no podríamos ni imaginar. A día de hoy conocemos gran parte de su funcionamiento (desmintiendo, eso sí, que solo usemos un 10% del cerebro). Pero, ¿depende el funcionamiento del cerebro de la estación del año?

Eso deben haberse preguntado los investigadores de la Universidad de Lieja, en Bélgica, cuyo estudio se ha publicado recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences. 

Las estaciones del año y el cerebro humano

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Según este grupo de científicos, dirigidos por Gilles Vandewalle, el cerebro humano variaría su actividad según las estaciones del año. En otras palabras, según si es invierno o verano, el cerebro usa sus recursos de forma diferente a la hora de realizar tareas. Curioso, ¿verdad?

Eso sí, cabe destacar que el rendimiento final tras realizar las tareas del estudio no variaba entre estaciones, sino que variaba el tipo de actividad cerebral usado en todo el proceso.

Para detectar esta forma de trabajar del cerebro, Vandewalle y sus colegas examinaron la actividad cerebral de 28 personas de Bélgica durante cada estación del año. En cada ocasión, los individuos pasaban 4,5 días inmersos en un laboratorio, sin acceso al mundo exterior ni recibiendo señales de que era tal o cual estación (como la luz del día, por ejemplo). Los investigadores monitorizaron la actividad cerebral de todos los participantes mientras realizaban diferentes tareas que requerían atención y capacidad para almacenar, actualizar y comparar información memorística.

Rendimiento y actividad cerebral, ¿cómo se afectan según las estaciones del año?

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Según los hallazgos de los investigadores, el rendimiento final de las tareas realizadas no cambiaba respecto a las estaciones del año. Sin embargo, la actividad cerebral usada por el cerebro para todos los procesos, en términos cuantitativos, sí se modificaba. En otras palabras, el cerebro necesitaba gastar más potencia neuronal según las estaciones del año.

Por ejemplo, en verano (concretamente en junio), el cerebro tiene sus mayores picos de actividad para mantener la atención, mientras que en diciembre es donde tiene el pico más bajo de actividad en este proceso. De forma contraria, la actividad cerebral relacionada con la memoria de trabajo tenía su pico máximo en otoño, siendo más baja en primavera.

En investigaciones anteriores ya se habían vinculado las estaciones del año con otros procesos del funcionamiento cotidiano del organismo: La gente consume más calorías en invierno que en verano, y parece que la actividad genética humana también se afecta según las estaciones del año. Además, es conocido el vínculo entre estaciones y estados del ánimo, donde algunas personas llegan a experimentar el llamado “trastorno afectivo estacional” en otoño e invierno.

En esta ocasión no se buscó la relación entre actividad cerebral y estados del ánimo, pero es posible que aquellos que son más propensos al mencionado trastorno afectivo estacional (cuya área cerebral sí conocemos) también sean más vulnerables a estos cambios estacionales de actividad cerebral, según comentan los investigadores.

En futuros experimentos es posible que sí busquen esta relación, y los mecanismos subyacentes que dan lugar a estos cambios de actividad cerebral. Por el momento, tan solo sabemos que existen, y poco más.

Vía | LiveScience.