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Aunque no tenga ni idea de historia, si le preguntamos a alguien quién fue Enrique VIII es muy probable que conteste: “Ah, sí, ese que mandó ejecutar a todas sus mujeres”. En realidad esto no es cierto. Tuvo seis esposas, de las cuales sólo mandó ejecutar a dos (Ana Bolena y Catalina Howard), pero sí que es verdad que un gatito inocente y amoroso no era. Es conocido por haber sido un hombre caprichoso y cruel, capaz de hacer cualquier cosa para conseguir sus propósitos, por muy horrible que fuese. Sin embargo, algunos científicos creen que esto no fue siempre así  y que la culpa de sus temperamento la tuvo su afición por participar en justas, junto a otros nobles.

Los daños en el cerebro que pudieron cambiar la personalidad de un Rey

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Si aún quedaba alguna persona que no supiese lo que es una justa, después del estreno de Juego de Tronos no creo que haya muchos casos; pero, por si acaso, os explicaré brevemente lo que eran. Básicamente consistían en una competición en la que dos caballeros, a lomos de sus caballos, intentaban derribarse el uno al otro con ayuda de sus lanzas. Eran muy frecuentes entre los nobles y, aunque a veces servían para reclamar algún derecho por parte de los combatientes, también se practicaban por simple diversión.

Todo esto y mucho más lo saben Muhammad Qaiser Ikram y Fazle Hakim Saijad, dos investigadores de la Universidad de Yale, que descubrieron algo sorprendente al leer los documentos existentes en los que se narra la vida de Enrique VIII. En los primeros escritos, se habla de él como un hombre cordial y muy afable en el trato con los demás. Sin embargo, se produce un cambio brusco, en el que se le empieza a describir como el tirano que hoy conocemos.

Dolor y cerebro

 

Curiosamente, este cambio coincide con varios accidentes que el rey tuvo combatiendo en justas, especialmente con uno, acaecido en 1536, que le tuvo inconsciente durante dos horas. A partir de ese momento, comenzó a mostrar síntomas que hoy en día se atribuyen a la lesión cerebral traumática, típica en boxeadores y personas que practican otros tipos de deportes de contacto.  Entre estos síntomas, se encuentran algunos problemas de memoria y razonamiento, depresión y agresividad, todos ellos presentes en Enrique VIII desde ese momento. De hecho, padeció varios episodios de depresión, a la que por ese entonces se le conocía como “mal de espíritu”.

Otro episodio que corrobora la teoría tuvo lugar en 1546, cuando ordenó a sus soldados encarcelar a su esposa, olvidando al día siguiente que lo había hecho.  Además, este tipo de lesiones suelen dar lugar a disfunción eréctil; algo que, lógicamente, no se comenta en los documentos históricos oficiales, pero sí en la correspondencia que Ana Bolena, una de las esposas del rey, mantenía con su cuñada.

Por lo tanto, aunque no hay pruebas fehacientes de la existencia de estas lesiones cerebrales, parece algo más que plausible. Si esto es así, y volviendo al tema de Juego de Tronos, ¿no le haríais una resonancia magnética a más de uno de sus personajes? Seguro que se descubrirían muchas cosas.

Vía: IFL Science