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El curioso mundo de las bacterias intestinales

El curioso mundo de las bacterias intestinales

Las bacterias intestinales son mucho más que unos cuantos microorganismos que nos ayudan a digerir los alimentos, y hoy os contamos por qué.

Aunque a veces nos empeñemos en unir las bacterias a connotaciones negativas, lo cierto es que sin ellas no podríamos vivir.

Todos sabemos lo importante que es para nosotros nuestra flora intestinal, pero a veces no nos paramos a pensar el alcance de su funcionamiento en nuestro día a día.

Por eso, en nuestra sección del microbio de la semana, hoy os vamos a hablar de todas esas bacterias que viven con nosotros y hacen nuestras digestiones más fáciles y nuestra salud, tanto intestinal como general, mucho más fuerte.

¿Qué son las bacterias intestinales?

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La flora intestinal está compuesta por un conjunto de bacterias que viven en nuestro organismo, manteniendo con nosotros una relación simbiótica tanto de mutualismo como de comensalismo.

La mayoría de ellas no sólo no son perjudiciales para nuestra salud, sino que aportan grandes beneficios, como la absorción de nutrientes procedentes de los alimentos que ingerimos y la síntesis de sustancias tan importantes como la vitamina K y algunas del grupo B.

Sí que es cierto que algunas sí pueden ocasionar infecciones en situaciones determinadas y que otras, aun siendo totalmente inocuas, dan lugar a efectos poco agradables, como el olor característico de las heces.

Por último, estos microorganismos se mantienen en equilibrio con una bacteria, llamada Clostridium difficile, que se encuentra en el intestino del 10% de la población. Sin embargo, no suele causar ningún tipo de síntomas, salvo que decaiga el número de bacterias beneficiosas de la flora intestinal, pues en ese caso si daría lugar a infecciones. 

¿Cómo adquieren los recién nacidos su propia flora intestinal?

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Cuando un niño nace, su intestino carece de microorganismos, por lo que es necesario que se pueble cuanto antes, para que puedan digerir los alimentos a medida que vayan entrando en su dieta y para evitar enfermedades digestivas.

Por eso, la evolución ha propiciado que sean las bacterias presentes en la vagina de su madre las que pasen al organismo del niño en el momento del parto, comenzando así a poblar su intestino.

Esto supone un problema cuando el nacimiento tiene lugar por cesárea, aunque algunos estudios han demostrado que el simple contacto de la cara del bebé con una gasa impregnada de la microbiota vaginal de su madre basta para que comience a formarse su flora bacteriana.

¿Qué pasa si una persona pierde parte de su flora bacteriana?

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En ocasiones, los tratamientos prolongados con antibióticos o la aparición de algunos trastornos, como el síndrome de colon irritable o la enfermedad de Crohn, pueden dar lugar a un deterioro de la flora bacteriana que puede agudizar aún más los síntomas de estas enfermedades.

Por eso, es necesario buscar un modo de repoblar el intestino con nuevas bacterias sanas que faciliten la digestión y mantengan a raya a C. difficile.

Para ello, uno de los métodos más novedosos, útiles y sencillos es el trasplante de heces de una persona sana. Sí, sí, habéis leído bien. Es cierto que suena un poco escatológico, pero es una medida fabulosa para repoblar floras bacterianas deterioradas.

Para ello, se recogen las heces de un individuo sano y se filtran, separando la fase sólida de la líquida. Después, será precisamente esta última la que se congelará hasta el momento del trasplante, que se realizará del mismo modo que una colonoscopia convencional.

¿Para qué sirven los alimentos probióticos?

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Como sabéis, los alimentos probióticos, son aquellos que contienen microorganismos que supuestamente se consideran beneficiosos para nuestra flora intestinal.

Existan muchos estudios científicos que tratan de demostrarlo, aunque la falta de solidez de sus conclusiones ha llegado a que se siga estudiando, dando lugar a otros trabajos, como uno realizado recientemente por científicos de la Universidad de Copenhague, que han demostrado que no parece haber ningún efecto en la flora bacteriana de personas sanas.

Sí que aportan beneficios a las que, por los mismos casos que comenté anteriormente, poseen su intestino despoblado de este tipo de bacterias. Por lo tanto, si estamos sanos podemos tomar estos alimentos por su sabor, pero posiblemente no tengan ningún tipo de consecuencia en nuestra salud.

¿Cómo puede actuar la flora bacteriana intestina sobre nuestro cerebro?

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Según un estudio llevado a cabo recientemente por científicos de la Universidad de Harvard, podría haber una posible relación entre las bacterias intestinales y la prevención de la esclerosis múltiple.

Y es que, según las investigaciones que han realizado, parece ser que bajo una dieta determinada, estas bacterias producen unas pequeñas moléculas que viajan hasta el cerebro, donde actúan sobre los astrocitos, bloqueando los procesos de inflamación y previniendo la neurodegeneración.

Esto se produce cuando se toman dietas ricas en triptófano, un aminoácido que se encuentra presente en alimentos como el pavo.

Por lo tanto, aunque aún les queda mucho por investigar, parece ser que la modificación de la dieta y el refuerzo de la flora bacteriana podrían servir para prevenir esta triste enfermedad.

Permaneceremos atentos a los resultados.

Después de saber todo esto, cuando os sintáis solos, pensad que hay un montón de bacterias que os acompañan. Y que sin ellas no seríais nadie.