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Descubren los genes de la ‘eterna juventud’

Descubren los genes de la ‘eterna juventud’

Investigadores descubren los genes de la eterna juventud, implicados en la prevención de ataques cardiovasculares.

Es inevitable que el transcurso de los años afecte a nuestro organismo, o quizás no.

La búsqueda de la vida eterna es una tarea que se ha llevado a cabo desde tiempos inmemoriales. Los templarios ya tenían por bandera el santo grial, la copa que otorgaría vida eterna al que bebiese de ella, o las aguas druídicas de la fuente de la juventud, de la que una persona gozaría de su apariencia eternamente sin que el tiempo le afecte.

Si tuviese que destacar el rol más importante de la ciencia en el ser humano sin duda señalaría al considerable aumento de la esperanza de vida. ¿Quién se imaginaría hace unos siglos que podríamos vivir hasta los 80 e incluso más allá? Hasta hoy en día seguimos pensando que no hay un límite para la vida humana, que la ciencia seguirá atravesando barreras frente a la edad.

La realidad mantiene que nuestro cuerpo es una maquinaria perfecta, y mientras que la ciencia ha ayudado a mantenerla segura hasta los 80 años (haciendo frente a enfermedades, amenazas, etc) no puede impedir el inexorable deterioro de sus mecanismos celulares. Pero esta concepción, quizás esté a punto de cambiar.

Descubren un gen que puede prevenir los ataques al corazón y otros riesgos de la edad

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El investigador Gary K. Owens, director del UVA’s Robert M. Berne Cardiovascular Research Center junto a su equipo han encontrado un gen que se mantiene inactivo en adultos y que juega un papel en la prevención de ataques cardiovasculares y otros riesgos de la edad. El gen conocido cómo Oct4, juega un papel vital en el desarrollo de todos los organismos vivos, pero se mantiene inactivo tras el desarrollo embrionario.

Los investigadores del UVA han demostrado que este gen podría tener una función más en edades más adultas, concretamente protegiendo las placas ateroscleróticas formadas en los vasos sanguíneos. Estas placas son las implicadas en los ataques cardiovasculares al ser ocasionalmente fracturadas.

¿Cómo consigue este cometido el gen? En pocas palabras, el gen está implicado en el control del movimiento del músculo liso en los tejidos de forma que otorgue más protección frente a la ruptura en las placas. Y no se queda aquí, pues este gen además promueve diferentes cambios en la expresión de nuestro genoma que ayudan a estabilizar las placas. Más por más, es más (válgame la redundancia)

Para comprobar el efecto de este gen se probó a inhibirlo en ratones, en los que según predijeron los investigadores, se encontró una reducción en las placas ateroscleróticas.

¿Es posible la eterna juventud?

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Este hallazgo sitúa grandes bases en la medicina regenerativa, pues los investigadores afirman que podría usarse para regenerar órganos y tejidos, siendo la familia de este gen una posible baza para tratar las heridas. Aun así, sólo con el mantenimiento de nuestros vasos sanguíneos, ¿sería suficiente para conseguir la vida eterna?

Para responder mejor a esta pregunta, debéis conocer que el gen Oct4 es uno de los factores implicados en la adquisición de pluripotencialidad en células madre, según el investigador Shinya Yamakana ganador del Nobel en 2012. Sobreexpresando el gen se conseguía que las células somáticas se reprogamaran y se indujese la pluripotencialidad a células madre que podrían tratar la pérdida de cualquier célula en el organismo.

En definitiva, permitirían regenerar cualquier cosa que perdiésemos, en términos celulares.

Pese a todo este popurrí de conocimientos y descubrimientos, siento quitaros las ilusiones y la ambición sobre la vida eterna, pues con lógica y ciencia de por medio, debéis comprender que nuestro ADN sufre un deterioro con el tiempo, los genes no se expresan en la misma cantidad y con la misma precisión surgiendo mutagénesis que pueden acabar con la función original del gen. Dejamos la eterna juventud para la ciencia ficción.