El apocalipsis de la información: la evolución de las fake news

El apocalipsis de la información: la evolución de las fake news

Las fake news o noticias falsas son sólo una antesala de lo que está por venir: hacer parecer que cualquier cosa ha pasado, sea verdad o no.

Nos hemos acostumbrado muy rápido a las llamadas fake news: noticias falsas que pretenden engañarnos y hacernos creer cosas que no han pasado. Sólo hace falta un texto y que se vuelva viral, con eso basta para que la noticia empiece a correr como la pólvora. Tan real como la vida misma, aunque no exista ninguna prueba de ello.

Pero eso podría cambiar ahora. Las nuevas tecnologías, de la mano de las redes neuronales y la inteligencia artificial, pueden hacer que cualquier figura pública diga lo que quieras. Y cualquiera puede conseguir esto, porque todos los recursos son de código abierto o libres. Ahora cualquiera puede conseguir que cualquiera diga lo que sea. Llega un peligro mayor que las fake news.

Las fake news han sido solo el principio

La voz de alarma llega de la misma persona que intentó advertir a la industria de las fake news, según BuzzFeed News. Aviv Ovadya, ingeniero en compañías como Quora, intentó en 2016 avisar de lo que estaba por venir. Con plataformas como Google, Facebook y Twitter priorizando los clicks y la viralidad sobre la veracidad, era cuestión de tiempo que todo estallara.

Y así ha pasado. Las llamadas fake news han marcado campañas presidenciales tan grandes como la de Estados Unidos. Políticos como Donald Trump usan este término casi a diario para definir noticias que no les gustan. Y, mientras, existe gente consiguiendo beneficio de difundir mentiras a lo largo y ancho de Internet.

El problema de verdad es que todo esto podría ser sólo la antesala de lo que nos espera. Como ya ha aparecido en los medios, han empezado a aparecer formas de crear contenido falso con inteligencia artificial. Discursos que nunca se han pronunciado como si fueran reales. O incluso sustituir caras por las de famosos en vídeos.

Por el momento esto sólo se ha usado como pruebas de concepto, demostrando lo que se puede hacer. O incluso para poner a personas famosas en vídeos pornográficos de toda clase, el uso más onanista posible. ¿Pero qué ocurrirá cuando las mentes detrás de las fake news empiecen a utilizar estos nuevos recursos?

¿De qué son posibles las nuevas tecnologías?

Imaginad que cogemos a Donald Trump, un presidente que ya destaca por usar Twitter como medio de comunicación oficial, sin pasar por los canales oficiales. Llega alguien con estos medios y monta un vídeo en el que Trump le declara la guerra a Corea del Norte, tan bien hecho que parece real. ¿Qué impide que Corea del Norte responda? Sólo tiene que ser suficiente para provocar una respuesta loca y sin vuelta atrás.

Aunque el verdadero peligro está en el gran público. Por una parte, todo el mundo podría llegar a creerse estos contenidos, pensando que ha ocurrido algo que en realidad no ha pasado jamás. Y, de tantas cosas falsas que llegan a sus ojos, se rinden y dejan de creer cualquier cosa. La gente dejaría de prestar tanta atención a las noticias, haciendo que las democracias se volviesen inestables.

 

Por no hablar de que la simple existencia de estos sistemas ya puede servir para invalidar lo real. Puedes decir que cualquier vídeo se ha generado de esta forma, y ya estás creando una duda sobre un contenido real. Sólo hará falta que una o dos grandes noticias falsas, creadas con estos sistemas, se cuelen entre las grietas para que la gente pierda la confianza en todo lo que vean.

Y la solución tampoco parece cercana. Son pocas las agencias y compañías que se están preparando para una realidad así, ni siquiera que estén preparadas. Lo único de lo que podemos estar seguros es de que los próximos años serán movidos en este sentido.

  • Joshua

    Muy de acuerdo, la gente no es consciente del potencial de esta herramienta.
    Y yo apuesto por lo que dices, dos bulos fuertes y adiós a la confianza.

    Pero una fuerza en un sentido produce otra de igual magnitud en el sentido opuesto y la concienciación sobre contrastar fuentes y argumentos aumentará (por las buenas o por las malas)