Coches de hidrógeno: ¿merecen la pena? ¿son mejores que los eléctricos?

Elías Rodríguez García hace 1 año

Cuando hablamos de alternativas a los vehículos de combustión, generalmente se menciona a los eléctricos o, en su defecto, a los híbridos enchufables (vehículos de combustión pero que también tiene al menos un motor eléctrico), aunque no sean las mejores opciones.

Pero cada vez más se está comenzando a escuchar más el término de pilas de hidrógeno, otro de los métodos alternativos que se autodefinen como ecológicos.

Coches propulsados por pilas de hidrógeno, la evolución de los eléctricos

Los coches propulsados de hidrógeno, como se les llaman comúnmente, son vehículos propulsados por pilas de hidrógeno. En esencia, son exactamente iguales que los coches eléctricos que estamos cada vez más acostumbrados a ver por la calle, pero con una gran diferencia: la forma en la que se consigue la energía eléctrica usada.

Mientras que en los coches eléctricos que estamos acostumbrados a ver se usan baterías de litio que se cargan como si se tratase de un teléfono móvil, en los de hidrógeno (que, como veremos, también entran dentro de la clasificación de eléctricos), la energía se obtiene de la llamada pila de hidrógeno.

Todo lo demás es exactamente igual: el motor y el resto de los componentes componentes son los mismos. Es decir, que lo que mueve las ruedas es un motor eléctrico, el mismo usado en cualquier otro vehículo eléctrico. Entonces, el nombre correcto de estos es vehículos eléctricos de pilas de hidrógeno (fuel cell electric vehicle en inglés o FCEV por sus siglas), y no coches de hidrógeno o similares, que se usan para abreviar.

Se llaman coches eléctricos de pilas de hidrógeno, y no hay que confundirlos con los propulsados por combustión de hidrógeno

No hay que confundir, en ningún caso, con un coche propulsado por hidrógeno directamente, pues en este otro caso se trataría de motores de combustión pero usando hidrógeno en vez de gasolina o de diésel. Estos últimos son otra categoría que existe desde hace muchas décadas, pero cuyo uso no se ha extendido.

La pila de hidrógeno, la clave

La pila de hidrógeno sigue siendo también una batería como las que actualmente se usan (en este caso, de litio), pero también tiene una gran diferencia con respecto a las que estamos acostumbrados a ver: es necesario que la recarguemos no mediante electricidad, sino mediante hidrógeno.

Normalmente, las pilas que estamos acostumbradas a ver generan electricidad en base a una serie de procesos químicos que se producen dentro de esta. Cuando se conecta algo a la pila, se cierra el circuito, provocando la circulación de partículas ionizadas de un electrodo de la batería a otro. Digamos que hay un intercambio de electrones, dando como resultado que algunos quedan desemparejados, circulando por el circuito conectado (esto es lo que llamamos corriente, a grandes rasgos).

Y, para cargarlas, se producen las mismas reacciones pero a la inversa mediante la introducción de energía. Las partículas circulan en sentido contrario y se vuelve al estado original.

Las pilas de hidrógeno funcionan de una forma muy similar: si se junta hidrógeno con oxígeno, se forma agua (lo que se conoce como electrólisis inversa) y al mismo tiempo se genera energía. El combustible (hidrógeno) consumido se convierte en agua y no se vuelve a reutilizar, sino que se desecha, pues es agua y no es contaminante. Por ello, es necesario rellenarlas con hidrógeno.

La electrólisis es algo tan sencillo que es un experimento muy común en los colegios: si coges un vaso de agua y le suministras dos electrodos conectados a una batería, las partículas de agua se descompondrán en H2 y O. Consumimos energía, y se produce tanto oxígeno como hidrógeno. Si hacemos el experimento a la inversa, mezclando hidrógeno y oxígeno en ciertas condiciones, se obtendrá justamente lo contrario: agua y energía.

En las de litio no se desecha el litio, sino que se suministra de nuevo energía para que, como decimos, se produzca el efecto inverso al que se produce en la descarga. Da igual si vuelves a introducir energía o el combustible, mientras que sea eso que has desechado.

Coches eléctricos o de hidrógeno, ¿cuáles son mejores?

A día de hoy no encontraremos vehículos de hidrógeno en el mercado, al menos en el español, pero en los próximos años sí que es probable que los comencemos a ver, tanto por los concesionarios como por las calles. De momento, estamos en una fase en la que los fabricantes están presentando este tipo de vehículos. Toyota, Honda y Hyundai son algunas de las marcas más importantes que han anunciado ya los primeros modelos de venta comercial.

La batería

La principal pega de los eléctricos, el motivo por el que su crecimiento es muy lento, es la batería. Su autonomía es muy poca y no ofrece, en algunos casos, ni un cuarto de lo que podría ofrecer un tanque lleno de un vehículo de combustión. Mientras que en estos últimos la autonomía alcanza y supera los 1000 kilómetros, el eléctrico medio no pasa de los 190 kilómetros.

Y ya no es solo la autonomía, sino también los tiempos de carga, que suelen ser de bastantes horas. No es como el coche de gasolina o diésel, que llenas el tanque y te marchas con la misma. Por último, tenemos que añadir los problemas de salud de la batería, pues conforme pasa el tiempo se daña y es necesario cambiarla.

Ninguno de estos problemas existe en el coche de hidrógeno. Para repostar, tardamos muy pocos minutos, en torno a 5. Sigue siendo más lento que en el coche de combustión, pero muchísimo más rápido que en el eléctrico que conocemos.

Y tampoco tenemos que sumar los problemas de las baterías, que tampoco son baratas (cuestan varios miles de euros, como mínimo). La autonomía, además, es más o menos como la de un coche con tanque de combustible, de unos 800 kilómetros, como mínimo.

En cuanto a autonomía y al repostaje, tiene las ventajas de un coche de combustión

Igual que en un coche de gasolina, para repostar es necesario enchufar una manguera (muy diferente a las de las gasolineras actuales) que suministra el combustible. Como decimos, de 3 a 5 minutos la pila de hidrógeno estará lista de nuevo. La cantidad de hidrógeno se mide en kilogramos y no en litros.

El precio

El precio, por el contrario, es mucho mejor el de los eléctricos tradicionales, aunque este sea hasta dos veces más caro que un coche ‘normal’. Para la comparación de precios, vamos a hacerlo en dólares estadounidenses, pues, como sabemos, en España aún no se venden aún este tipo de coches. En otros mercados, en cambio, sí que se venden, por lo que usaremos precios internacionales.

El Toyota Mirai, uno de los primeros vehículos de este tipo, tiene un precio de mercado de poco más de 58 000 euros. El Nissan Leaf, uno de los eléctricos más comunes que podemos encontrar por la calle, unos 29 900 dólares. El precio es, por lo tanto, del doble que el de un vehículo eléctrico de los más comunes, aunque hay que tener otras variables en cuenta que no estamos teniendo (no obstante, sirve para ver que es mucho mayor).

Otros aspectos

Aunque otros aspectos sean menos importantes, también influyen: los maleteros de los vehículos de hidrógeno, por ejemplo, suelen ser algo más pequeños que el mismo modelo en versión eléctrica o de combustión, debido a que los elementos necesarios (como el tanque de hidrógeno) ocupan un mayor espacio.

El Toyota Mirai (en la imagen de arriba), uno de los coches de hidrógeno más conocidos, tiene un largo de 4,89 metros y un maletero de 361 litros. Un Tesla Model S de 4,97 metros de largo, en cambio, tiene 895 litros, una diferencia abismal. Aquí tenemos el portabultos desmontado del Hyundai ix35, con 436 litros para la versión de hidrógeno y 591 para la versión de combustión (eso que se ve en la imagen es el tanque de hidrógeno):

También tenemos que sumar la escasa (o mejor dicho nula) infraestructura para este tipo de vehículos. No obstante, tampoco sería muy difícil comenzar a crearla, pues las petroleras están invirtiendo en el hidrógeno (algunas de ellas son Total y Shell) como combustible debido a que ya tienen sus propias infraestructuras y clientes, por lo que crear una nueva red sería mucho más económico.

Pero como vemos, los problemas de esta tecnología o bien son secundarios para muchas personas (como el espacio útil del portabultos) o que se irán solucionando con el tiempo, como el precio y las infraestructuras para repostar.