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El año de Linux ha llegado: cómo se está convirtiendo en el sistema más usado en coches

El año de Linux ha llegado: cómo se está convirtiendo en el sistema más usado en coches

El crecimiento de Linux en los coches está siendo espectacular en los últimos años, y cada vez más fabricantes lo usan. ¿Es el año de Linux?

Durante décadas se ha hecho el mismo chiste. Apenas suena la última campanada cuando alguien hace el comentario de que “este va a ser el año de Linux”. Un meme que nació por la insistencia de analistas y expertos en el potencial del sistema de código libre, pero que a la hora de la verdad nunca llegó. O al menos, no de manera evidente.

Es cierto que Linux no ha conquistado el escritorio, ni tiene visos de conquistarlo pronto; pese a aquellos titulares de antaño, la historia sigue siendo la misma: Windows domina el sector de los PCs, con Apple con su propio hueco y un porcentaje residual de usuarios con Linux.

Y sin embargo, pese a no conquistar el escritorio, Linux es más usado que nunca; es sólo que la mayoría de la gente no se da cuenta. Desde los servidores que ofrecen la mayoría de las páginas web que visitamos o las “nubes” que almacenan nuestros archivos, Linux ha conquistado Internet. En nuestro día a día, usamos móviles con sistemas operativos basados en Linux, hacemos compras en tiendas que usan Linux para sus cajeros, y hasta los carteles publicitarios usan una versión del sistema.

Linux se está convirtiendo en el sistema dominante en el sector automovilístico

Y poco a poco, Linux se está expandiendo a otro sector importante: el de los coches. Prácticamente sin hacer ruido, cada vez más fabricantes están implantando Linux en sus nuevos modelos, aunque no es algo que se publicite precisamente. Y todo gracias a un curioso acuerdo entre los grandes fabricantes del mundo.

Los sistemas de “infoentretenimiento” de los coches son cada vez más completos; cualquier modelo nuevo que se precie trae una pantalla por defecto o la ofrece como opción. En las gamas más altas ya es común que la pantalla ocupe buena parte de la consola central y se extienda al cuadro de instrumentos; gracias a esto podemos personalizarlo como queramos, cambiando la información que debe mostrar.

Todas estas pantallas tienen que ser controladas por un sistema operativo. Pero desarrollar uno supone invertir millones de euros y muchos años; por lo que cada vez más fabricantes dependen del trabajo de AGL (Automotive Grade Linux). Este es un desarrollo conjunto entre miembros de toda la industria para crear un sistema operativo básico que los fabricantes puedan instalar en sus coches.

El grupo que está fomentando la implementación de Linux en los coches

La Linux Foundation está a cargo de esta organización, a la que pertenecen ya 140 miembros; entre los que nos encontramos algunos de los nombres más importantes de la industria, como Toyota, Subaru, Hyundai, Audi, Ford, Honda, Mitsubishi, Mazda, Nissan, Mercedes-Benz, Suzuki y otras compañías como Panasonic, Denso o Amazon.

La idea tiene mucho sentido. En vez de desarrollar un sistema operativo por su cuenta, estas compañías se han aliado para crear una plataforma básica para coches, llamada UCB (Unified Code Base). Partiendo de esa base, cada fabricante tiene libertad para personalizar el sistema para cada modelo, diseño y necesidad.

Linux en los coches

UCB representa sólo el 70% del sistema operativo final que lleva un coche; cada fabricante desarrolla software propio con funciones exclusivas para intentar atraer consumidores, así que no es realmente un “sistema único”.

Lo importante es que la mayor parte del “trabajo sucio”, el relacionado con el funcionamiento interno del sistema, ya está hecho. De esta forma, cada marca aún tiene margen para centrarse en ofrecer una experiencia única en sus coches, sin que parezca que han hecho un “copia y pega”.

El software está cobrando una importancia especial a la hora de comprar un coche; las compañías lo saben, y es una tendencia que va a seguir creciendo. Y con este proyecto, Linux está en la vanguardia y con muchas papeletas para convertirse en el sistema operativo dominante.